Revista
Académica SIC, Sostenibilidad. Innovación y Ciencias empresariales
Sección
Oportunidad de expresión
Edición
09
Enero-junio,
2026
COSTA RICA ANTE EL DESAFÍO DE CONSTRUIR UNA ECONOMÍA DIGITAL, COLABORATIVA
Y SOLIDARIA
Claudia Michelle Trejos Vargas
Bachiller en Dirección de empresas Universidad Fundepos
Ferdinan Agüero Rojas
Bachiller en Dirección de empresas Universidad Fundepos
Francini Peralta Navarro
Bachiller en Dirección de empresas Universidad Fundepos
Hazel Alejandra Barrios Solano
Bachiller en Dirección de empresas Universidad Fundepos
Resumen
En los
últimos años, Costa Rica avanza hacia nuevas formas de economía impulsadas por
tecnología, cooperación y sostenibilidad: economía digital, colaborativa y
Economía Social y Solidaria (ESS). Estos modelos buscan poner a las personas en
el centro del desarrollo y aprovechar la innovación para construir un país más
inclusivo. Sin embargo, persisten retos importantes, como la brecha digital que
afecta a comunidades rurales, costeras e indígenas, limitando su acceso a
oportunidades. Esta desconexión no es solo técnica, sino un problema de
justicia social que requiere conectividad significativa, dispositivos y
formación en habilidades digitales. La economía colaborativa también plantea
desafíos regulatorios: garantizar protección social para trabajadores por
tareas y evitar competencia desleal entre lo tradicional y lo digital. Se
necesita un marco normativo moderno que promueva transparencia y seguridad
social adaptada a nuevas formas de empleo. Por otro lado, la economía digital
ofrece gran potencial el desarrollo, pero exige cerrar brechas
tecnológicas, fortalecer ciberseguridad y simplificar trámites públicos. El
reto no es solo tecnológico, sino humano y ético: asegurar que la
digitalización beneficie a todos. Costa Rica tiene la oportunidad y responsabilidad
de construir una economía inclusiva, solidaria y conectada, reflejando los
valores que la han caracterizado históricamente.
Palabras clave: Economía digital, Economía colaborativa,
Economía Social y Solidaria (ESS), Brecha digital, Inclusión tecnológica, Marco
normativo
Recibido: 4
de noviembre de 2025
Aceptado: 24
de noviembre de 2025
COSTA RICA FACING THE
CHALLENGE OF BUILDING A DIGITAL, COLLABORATIVE AND SOLIDARITY ECONOMY
Abstract
In recent years, Costa Rica has been moving toward new economic models driven by technology, cooperation, and sustainability: digital economy, collaborative economy, and Social and Solidarity Economy (SSE). These approaches aim to place people at the center of development and leverage innovation to build a more inclusive nation. However, significant challenges remain, such as the digital divide affecting rural, coastal, and indigenous communities, limiting their access to opportunities. This gap is not only technical but a matter of social justice, requiring meaningful connectivity, access to devices, and digital skills training. The collaborative economy also raises regulatory challenges: ensuring social protection for gig workers and preventing unfair competition between traditional and digital models. A modern legal framework is needed to promote transparency and adapt social security to new employment forms. Meanwhile, the digital economy offers great potential for development but demands closing technological gaps, strengthening cybersecurity, and simplifying public procedures. The challenge is not only technological but human and ethical: ensuring that digitalization benefits everyone. Costa Rica has both the opportunity and responsibility to build an inclusive, connected, and solidarity-based economy that reflects the values that have historically defined the nation.
Keywords
Digital economy, Collaborative economy, Social and Solidarity Economy (SSE), Digital divide, Technological inclusion, Regulatory framework
Received:
November 4, 2025
Accepted:
November 24, 2025
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Introducción
En los últimos años, Costa Rica ha
iniciado un camino hacia nuevas formas de entender la economía, impulsadas por
la tecnología, la cooperación y la sostenibilidad. Hablamos cada vez más de
economía digital, economía colaborativa y Economía Social y Solidaria (ESS).
Tres conceptos que, aunque distintos, comparten una visión común: poner a las
personas en el centro del desarrollo y aprovechar la innovación para construir
un país más justo e inclusivo.
Sin embargo, como estudiantes y
futuros profesionales, nos preocupa que este proceso de transformación no
llegue a todos por igual. La brecha digital sigue siendo una barrera muy real.
En un país que se enorgullece de su educación y estabilidad, aún hay comunidades
rurales, costeras o indígenas donde la señal de internet es débil o simple
mente no hay. Detrás de esa desconexión hay emprendedores, cooperativas y
asociaciones que no logran acceder a las oportunidades de la economía digital.
Superar esta brecha no es solo un tema
técnico, sino un asunto de justicia social. No basta con tener Wi-Fi; se
necesita conectividad significativa, acceso a dispositivos y formación en
habilidades digitales. Si no actuamos con rapidez, la digitalización podría
agrandar la desigualdad territorial, dejando fuera a quienes más podrían
beneficiarse de ella.
Desarrollo de planteamiento crítico
En Costa Rica, necesitamos que el
gobierno, las universidades, las municipalidades y las empresas trabajen juntas
para llevar la conectividad y la digitalización a todos los rincones del país.
Iniciativas como redes comunitarias de internet gestionadas por cooperativas,
centros tecnológicos abiertos al público y capacitaciones con enfoque inclusivo
pueden marcar la diferencia entre una Costa Rica dividida digitalmente y una
Costa Rica verdaderamente conectada.
Al mismo tiempo, la economía
colaborativa está transformando la forma en que producimos e intercambiamos
bienes y servicios. Plataformas digitales de transporte, hospedaje o reparto ya
son parte de nuestra vida cotidiana. Estas oportunidades abren puertas para el
emprendimiento y la generación de ingresos, pero también plantean nuevos
desafíos: ¿cómo garantizar la protección social de quienes trabajan por
tareas?, ¿cómo evitar la competencia desleal entre lo “tradicional” y lo
“digital”?
Argumentos
La solución no está en frenar la
innovación, sino en regularla con justicia. Necesitamos un marco normativo
moderno que promueva la competencia leal, la transparencia y la protección del
trabajador digital. La creación de esquemas de cotización proporcional por hora
o servicio podría permitir que la seguridad social se adapte a los nuevos
tiempos, sin dejar a nadie atrás.
Por otra parte, la economía digital
representa un motor de desarrollo con enorme potencial para Costa Rica y el
resto del mundo. Con comercio electrónico, servicios en la nube y herramientas
digitales, una pequeña empresa rural podría exportar sus productos o gestionar
sus operaciones con eficiencia. Pero para que esto ocurra, debemos pasar de
estar simplemente “conectados” a ser digitalmente competitivos.
Esto implica cerrar brechas en
habilidades tecnológicas, promover programas de micro credenciales entre el
INA, universidades y empresas, y fortalecer la ciberseguridad en las MIPYMES.
También urge simplificar los trámites públicos y unificar las plataformas
estatales, porque la burocracia sigue siendo uno de los grandes frenos a la
transformación digital.
Conclusión
En definitiva, el reto para Costa Rica
no es solo tecnológico, sino humano y ético. La transición hacia una economía
colaborativa, solidaria y digital debe garantizar que el progreso beneficie a
todos y no a unos pocos. La Economía Social y Solidaria puede ser el puente que
una la digitalización con el solidarismo.
Nos parece que en Costa Rica, tenemos
no solo la oportunidad sino también la responsabilidad de construir un país
donde la tecnología sea una herramienta de inclusión y no de exclusión. Un país
donde las cooperativas rurales puedan vender en línea, donde las mujeres
emprendedoras encuentren apoyo en plataformas solidarias y donde cada persona,
sin importar su ubicación o condición, pueda ser parte activa del futuro
digital.
Costa Rica ha sido históricamente un
ejemplo de solidaridad y visión social. Hoy, más que nunca, debemos extender
esa solidaridad al mundo digital. Solo así podremos construir una economía
verdaderamente colaborativa, solidaria e inclusiva, que refleje los valores que
siempre nos han distinguido como nación.